miércoles

By the face






Amigos... Amigas...  Conocidos... Conocidas... Desconocidos... Desconocidas... Os quiero, os quiero a todos... os sigo, os leo, os veo, me gustáis, pintáis como los ángeles, hacéis unas fotos que son una pasada, escribís con tino e inteligencia, sois geniales, os agradezco en el alma que compartáis conmigo lo mejor que tenéis, vuestra creatividad y vuestro talento.


Pero comprendedme... queridos amigos, seguidores y lectores... No me tengáis en cuenta si no contesto invitaciones, eventos ni sugerencias, mensajes ni solicitudes de apoyo; si no le doy I like o no comento cada una de vuestras obras, imágenes ni poemas, si no os felicito las fiestas ni los cumples... no puedo, I can´t, me es imposible.


Nunca pensé que diría esto así, cuando entré —hace tan poco— en las redes sociales. Pero hoy me siento superada por las exigencias del nivel que lleváis en las redes. Hay quien le mata el éxito, y a mí casi me está pasando. Solamente en facebook —by the face— tengo hoy 289 solicitudes de amistad pendientes, y eso que voy sacando algunas cada semana. Más de 27 sugerencias de amistad.  Ni me acuerdo de las solicitudes ya ocultas, (como las de los ex, la de mi jefe, la de mi suegra, la de la envidiosa de mi colega), las que dejé para pensármelas luego, creo que van más de cien. En twitter más de 50 peticiones de seguimiento. Un mail avisándome de que esta semana cumplen años ¡102 amigos!...


Creo que esto es inasumible para una persona —si bien enrollada pero tirando a normal como yo— que tenga ocupaciones en la vida. No puedo aceptar de forma indiscriminada todas esas solicitudes por el momento. Puedo decirte que tengo muchísimo quehacer y bla bla bla,  que también, pero no es sólo esto. Te mentiría.


Es peor. Desde hace un tiempo desconfío de muchos de los perfiles que intentan seguirme. ¿La razón? Yo también he sufrido acoso en las redes sociales. Y voy a contároslo un poco por encima. Ya sabéis que tengo varios miles de amigos en facebook, y que sólo acepto a personas como yo, que tengan cosas interesantes que decir y sobre todo, imágenes interesantes que ofrecer, pinturas, esculturas, fotografías...


Me hace feliz ver y compartir la belleza.  Para mí es un soplo de aire fresco vuestra creatividad y una satisfacción ver que hay gente tan buena alrededor del mundo. Sobretodo después de conocer a algunos de los artistas locales, tan celosos de la privacidad de sus creaciones ellos, que las ocultan —incluso para sus conocidos y "amigos" reales—, pintores que cierran los estudios incluso en las fiestas privadas que ofrecen a los colegas; personas absolutamente celosas de sus creaciones hasta el momento en que las muestran en la exposición anual... ¡normalmente para chasco de los demás! Esto es a lo que se acostumbra por aquí.


Me sorprende sobremanera y me satisface cada día más comprobar que hay tan buenos profesionales y personas tan fantásticas, entre los que se cuentan verdaderos genios, que compartan sus trabajos conmigo en la red. Artistas que no tienen miedo a que les copien ¡cópiame si puedes! y que disfrutan compartiendo su arte con los demás, y enseñando al mundo su know how. Me han enseñado mucho. A apreciar la calidad humana además de la calidad artística, la diversidad de estilos, de materiales, de fuentes de inspiración, el genio presente en todas las partes del mundo. Son mis amigos en la red y ¡les adoro!


No todo ha sido positivo. He sufrido acoso en la red. Venía de alguien que decía que quería ser amigo mío. Os lo contaré. Un día me pidió amistad una persona con un pseudónimo muy gracioso, al menos demostraba tener un buen sentido del humor, decía cosas simpáticas, escribía de una forma inteligente, en principio me cayó bien. Los que andáis por las redes sociales ya sabéis que de vez en cuando te encuentras con personas así. Seguro que a tí también he han pedido que les des un like, o que sigas la página que acaban de crear, o que suscribas su petición o proyecto, o directamente que votes por su obra.


Esa persona, como no le aceptaba la petición, comenzó a mandarme mensajes, un tanto subidos de tono, o por lo menos en un tono que no era el adecuado para tratar a una persona a quien no conoces realmente. Intenté ser amable, mantener las formas, pero no acepté su amistad. Le contesté diciendo que sólo aceptaba personas reales con nombres auténticos, y que le sugería que abriera un nuevo perfil y se pusiera su nombre de persona de carne y hueso. Me hizo caso, pero para intentar engañarme.


Habían pasado meses, y yo después de aquéllo no publiqué nada en abierto para el "publico en general" y esa persona se quedó sin poder tener acceso a mi muro. Yo casi me olvidé del tema. Finalmente decidió cambiarse el nombre a un anodino y un poco vulgar, por toda información decía que era hombre y que vivía en una ciudad española de gran población. O sea, en su perfil de información personal nada, menos que nada. Entonces me pidió amistad y ví que teníamos quince amigos en común.


Entré en su página, tenía algunas amistades entre museos, galerías y así, gente que comparte amistad o seguimiento con todo el mundo, misteriosamente tenía varios de mis últimos o más recientes contactos, y compartía el contenido que aquéllos publicaban, pero nada propio y sin relaciones con personas de su entorno. Lo dejé estar por el momento en el sitio de las peticiones ocultas, para pensármelo. Pero al cabo de una semana, me pudo la curiosidad y es el único perfil que he vuelto a visitar dos veces después de aquéllo.


Volví a ver su página a ver si había escrito algo personal que demostrase que era una persona de carne y hueso y que se comunicaba con sus amistades. En lugar de eso, me encontré que compartíamos ya ciento cincuenta amigos comunes. ¡En una semana! Aquéllo disparó mis alarmas y estuve a punto de denunciar. Creo que leyó mis contactos y fue pidiendo sistemáticamente amistad a mi lista, mayoritariamente instituciones y perfiles públicos de museos y galerías que aceptan a todo el mundo. No había ninguna entrada personal en su página ni comunicación alguna con sus contactos.


Entonces no necesité más pruebas de que era la misma persona que me seguía insistentemente buscando ganar mi confianza a base de tener en su lista a perfiles que yo tengo entre mis contactos, muchos de los cuales respeto y admiro. El motivo de su seguimiento, lo desconozco. Y no lo acepté como amigo virtual. Sentí vivamente la amenaza de quien buscaba inmiscuirse en mi vida no sé bien con qué finalidades torticeras.


Después le mandé un mensaje, decliné su ofrecimiento de "amistad" diciéndole que no le conocía personalmente y que si era un perfil que antes me había solicitado mediante pseudónimo, y por supuesto, me negó que fuera la misma persona. Se lo pregunté para ver qué contestaba, porque no le creí. A los pocos días tiempo borró ambos perfiles. Para mí fue la confirmación de que era el mismo y la certeza de que le había descubierto.


Aprendí la lección de la desconfianza. ¿Qué interés puede tener una persona en seguir mi página? No quiero ni puedo compartir amistad virtual con gente falsa. Nunca sabré ni me interesa qué interés podía tener en mí, en conocer las cosas que la gente normal comparte en facebook, —saber qué hago, dónde ando, con quien salgo, qué como, ver mis fotos personales, mis mascotas, mis colegas, mis fiestas...— Pero yo no soy ésa.


Yo no soy de las que necesitan contarlo todo. No encontrarás en mi página ni una foto de mis amigos o familia, y mía únicamente las de perfil, no verás dónde fuí de fiesta, ni las fotos del brindis de cumpleaños, ni el mojito que me tomé en la playa este verano con mi amiga, ni trasiegos sentimentales ni hitos laborales o profesionales. Y no acepto que me etiqueten en fotos así.


Yo no publico mi vida privada. Yo comparto cosas que estoy creando: pintando, fotografiando o escribiendo; Publico fotografías, poemas y pinturas de mis amigos que me gustan, y los difundo en la red. Esto es lo que me interesa saber y que se sepa y es lo que ofrezco al mundo. Prefiero opinar en los blogs. Yo digo lo que pienso, no lo que hago:


En mi blog Del Derecho, me gusta explicar los asuntos jurídicos con lenguaje de la calle, para que todo el mundo lo entienda, aunque a veces no es fácil cambiar de registro. Digo libremente lo que pienso y punto. Critico lo que para mí se lo merece, aquí hay pocos "likes". Expreso mis opiniones y no me da vergüenza si no son políticamente correctas. Quizás reprimo el soltar algún exabrupto de vez en cuando, pero con los años cada vez me muerdo menos la lengua. (Creo que a los setenta seré terrible.)


Aquí, en Del Derecho y del revés, disfruto compartiendo contigo lo que se me ocurre de cualquier tema; como si un día me apetece escribir un poema, pues lo hago sin preocuparme de métricas ni rimas. Es como una conversación contigo. Me interesa explorar las emociones mías y ajenas, y mis amigos más cercanos son mi gran inspiración; lo confieso, me gusta que se den cuenta y que me digan: lo has hecho pensando en mí.


Adoro compartir con mis lectores algunas de mis fotos, pero no esperéis calidad profesional, pues están tomadas con mi iphone último modelo, que las hace preciosas y suficientemente aceptables para mí. Es el único aparato que llevo siempre conmigo, y la cámara "buena" suele descansar en un armario de casa, casi siempre sin batería y aquejada de obsolescencia patológica.


Y desde luego, subo mis pinturas. No todas, las voy haciendo y a veces algunas antiguas. No me paso el día pintando, pero dibujo o pinto cada día desde que tengo uso de razón. Ni soy profesional ni lo pretendo, no busco la perfección técnica, sino la expresión de una fuerza y emoción interior. Os tengo que hacer notar que pocas veces están publicadas las pinturas completas, a veces son un detalle, otras un fragmento más grande. Conservo el original completo, inédito para su destino posterior.


Y por supuesto, me gusta compartir algunas pinturas de mis amigos, aquéllas que me han hecho mella de alguna manera. Siempre les pido permiso y siempre me lo dan. No subo fotos robadas. Lo más difícil es, en estas ocasiones, inventar un texto que esté a la altura de la pintura que me prestan para mostrarla aquí. Vaya por ellos mi admiración.


Esto es todo, amigos. Y para todos, el que quiera mi amistad personal, que venga a cara descubierta. Este blog es público, quien lo quiera seguir, que me siga. Agradezco vuestros comentarios, vuestra lectura y vuestro apoyo.  Es una satisfacción ver que cientos de personas leen cada nuevo post que escribo. Me da igual que sean amigos o enemigos o conocidos o desconocidos o de aquí o de allá, pues de todo habrá. Nunca hubiere podido imaginar que mi obra fuese vista diariamente por tantos ojos, y de tan lejos, desde luego muchos más que en cualquier sala de exposiciones, más que en cualquier librería.

Muchos de vosotros os habéis decidido a seguirme de forma pública, y algunos tenéis la amabilidad de comentar mis entradas, y yo os lo agradezco doblemente: Gracias amigos por estar aquí, en el ciberespacio, conmigo.


ALz.




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1 comentario:

  1. Como se suele decir, el cibermundo es como la viña del Señor...

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