martes

Ser una bruja


Vale. Ya estoy acostumbrada a que me digan que soy una bruja. Y qué. Uno de mis maridos, el tercero creo, me lo decía a menudo. Y ahora que recuerdo, mi ex-jefe (el segundo creo, cuyo nombre silenciaré), también. Y mis amigas, cada dos por tres. Eres una bruja, nena. Vamos a aceptarlo, no me importa en absoluto ser una bruja, como mi abuela y mi tatarabuela y quien sabe más allá, y ojalá tan buena como ellas. Y no me importa compartir lo que sé con algunas de mis mejores amigas. Todas las mujeres tenemos nuestros sistemas de trabajo relacionados con... digamos la magia blanca. Y algunas con las grises o las incluso negras. Yo siempre digo que creer crea, y cada cual utiliza las herramientas que tiene a su alcance para crear lo que quiere creer que sea. Entre otro tipo de trabajitos, hace muchos siglos que aprovechamos el solsticio de verano convirtiéndolo en un evento lúdico - festivo para atrapar duendes y hombres, echar unas risas y lanzar nuestros conjuros al aire ante los ojos de todo el mundo. Ahora hasta es moderno y eso y muy nueva era, pero yo de niña ya coqueteaba con los rituales del fuego y del solsticio sin que mi madre lo supiese. Pero es que ella nunca sabía nada, la pobre. No se quería ni enterar, como la famosa canción. Tampoco tenía demasiado éxito. Es que se aprende con los años, Aquí van algunas luminarias del reciente "evento" para ilustrar el post. No daré más pistas ni enseñaré más ingredientes, te los puedes imaginar (igual aciertas alguno). Prometo el año que viene, si mis colegas están de acuerdo, contar algo más de todo esto. Pero no os hagáis muchas ilusiones. Seguramente no querremos, cada cual tiene sus cuitas y sus cartas guardadas. No todo se comparte en esta vida.



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