domingo

Arco




Hay muchos arcos en ARCO.




He visto muchos ARCOs en este ARCO, por lo mismo por lo que hay muchas historias en la Historia. Aquí arriba, un arco con milenios de historia. Y como en este blog hablo de sentimientos, me detendré en las emociones de las historias. ¿Volveré? -Sí, sin dudarlo. 


ALz.

viernes

El cuadro blanco





Pasé por delante y ni me fijé. Eché un vistazo general a a la sala, y me fuí directamente a la pintura que más me interesó.  Estuve unos minutos; después volteé lentamente, y entonces lo ví. El cuadro blanco. Confundiéndose con la pared. Uau.

Los hay que tener bien puestos para colgar un cuadro así en un museo.


Un día no hace mucho, formando parte del Programa Avanzado de liderazgo de INNOVA, en el MACBA, me dieron una obra a elegir. Yo debía comentarla a un grupo de personas de mediana edad y diversa procedencia, en su mayor parte titulares y altos ejecutivos de empresa. 

Me tomé muy en serio mi tarea, vine con zapato plano, y comencé la visita con ánimo de exahustividad: pretendía verlo todo, hacer que mi elección fuera tan memorable como las grandes obras que allí se podían contemplar; al fin y al cabo, mis compañeros conocían perfectamente mi faceta de pintora además de abogada y se despertó una cierta expectación.

Estuve y me entretuve lo que deseé, inspeccioné todas las salas con espíritu crítico, buscando la pintura que me asombrara, que me identificara, que me gustara, que me desagradara, que odiara, que me impactara, que despertara mis instintos y sentimientos, preparando mi intervención ante los miembros del Programa especialistas cada uno en su tema y vagando por las salas en busca de lo mismo que yo.

Mi elección, en las fantasías de esa gente, debía de ser la leche. Entre todas las pinturas que había en las salas, en todos los pisos, -ya me dolían los pies y me tomé no se cuántos cafés con leche en cafetería, a solas con mis pensamientos-, elegí un acrílico sobre bastidor, absolutamente blanco. La primera vez que pasé ante la obra me pasó absolutamente desapercibida; en realidad, pensaba que no era más que un tabique de pladur del museo. No miento.

Sin embargo, al volver sobre mis pasos para tener una visión global de la sala, el inmenso cuadro en blanco llamó poderosamente mi atención. Era una obra importante, pero ni siquiera quise recordarme del nombre del autor.

Lo primero que pensé era que aquello era una burla, basura de la que abunda. A mi mente acudieron mil argumentos, y me costó discernir el valor de la pintura en aquel entorno. Mi reacción osciló entre la repulsa más absoluta y la atracción meditativa hacia lo que estaba viendo, que en poco o apenas en nada, se distinguía de la pared. Me fascinó. Así, pues, estaba ante mi obra: la que más convulsión sentimental me provocó entre el empacho de tanta obra maestra.

Al cabo de media hora de observación, muchas cosa podía decir sobre aquella obra, todo lo que a mí me inspiraba, que era mucho. A la hora convenida, llegó mi turno de intervención, y mis colegas acudieron a la sala de mi elección, y allí estaban todos pendientes de mis palabras: éramos unos quince; pero paulatinamente fue añadiéndose gente al grupo. Al poco, se reunió un gentío alrededor, escuchándome, debieron pensar que era un reputada guía o una experta en arte contemporáneo, -que obviamente no lo soy ni lo llegaré a ser nunca-; pero yo no veía a nadie, ni a quien tenía delante, pues sólo tenía ojos para el vacío, para el blanco y para el palpitar de mi corazón.

Y para sentir y transmitir la pasión que despertó en mí. El cuadro en blanco era el todo y era la nada. Era la total ausencia de color y era la totalidad del espectro. ¿Lo comprenden? No se trata de pintura, sino de pintura unida a una profunda reflexión metafísica, -de la que no recuerdo ni la mitad- Creo que estuve más de media hora, y terminaron aplaudiendo gente que pasaba por allí. Todavía no sé por qué, me imagino que les clarifiqué la mente respecto a aquélla pared blanca con un inmenso cuadro blanco por el que algunos pasaron y no llegaron a ver.

ALz.



Juegos Valientes






No voy a hablar del pasado, pero al fin juntos y ahora somos dos: dedicándonos yo a tí y tú a mí. Es tan efímero que vuela, igual son unos minutos, unas horas... ¡total! si es solo tiempo... Esto es lo que todo el mundo aspira conseguir y no se da cuenta, —un instante consciente—, yendo erráticamente y a contramano. Esto es lo que hay, esto es lo que verdaderamente importa, y mira, lo tenemos. Lo tenemos ahora, que bonito, ¡joder! y si no te fijas no lo ves. Mañana no importa, y si algún día lo dejamos o nos vamos, ambos seremos un grato recuerdo donde no cabe ni el sufrimiento, sino la amistad, el apoyo y el amor. Que más da el tiempo que— haya durado.

Sí, vamos a decir las cosas por su nombre. Ya no temo a esta palabra; el cariño tiene muchas formas, muchos grados, muchos destinatarios, y el amor muchos nombres. Éste es sólo uno de ellos. Cuando te muestras quien eres realmente y te mueve el amor al relacionarte con otras personas todo se transforma: aceptas quien es como es; no entran, se van o echas del mapa a quienes se alimentan de provocar el dolor ajeno porque no tienes carne donde morder, y... —la vida es bella—, cobra sentido la existencia. 

Ha pasado otro año en un suspiro, con sus cosas. ¿Te has fijado que es el día de nuestro aniversario?  No me pidas compartir la vida, no me traigas un anillo. Sólo buscamos motivos para compartir unas risas, y vamos a celebrar el día dedicado al enamoramiento mundial y pesar de todo, lo mucho que disfrutamos con él; te propongo: To play a game, again. 


Recuerda cuando jugábamos a hacer que estábamos truly in love, —cierra los ojos... ¿lo tienes?— cómo nos mirábamos dentro las pupilas, atendiendo hasta la más nimia de las palabras... ya estudiando nuestras expresiones, los gestos, —¡ja!— y al fin sin escuchar ni una sola palabra... cómo nos deleitamos el uno con el otro y como no recordábamos ese estado, casi caemos en el almíbar que empalaga las pasiones reales... —Pero molaba, ¿eh?— 

Algo me dijo que estaba en presencia de la persona adecuada para compartir esta experiencia cuando nuestras palmas se unieron e, incapaces de mentir, sostuvieron las caricias. Esa energía recién generada por los dos quiso permanecer allí y después,  tus dedos abrazaron mis manos una y otra vez, sintiendo. No había miedo, y me gustó.

Como ya sabemos lo que nos gusta en esta ocasión exploraremos otras mieles y otros jugos mas... carnales. ¡Ea, poner en marcha la pasión! Inventamos sobre la marcha un juego galante. Las reglas, las del buen gusto yendo un paso más allá. lo que haga falta. No se trata tanto de cogernos las manos, como de meternos mano. —¡Uhm...!— Sencillamente, quiero sentirme seducida a cada instante todo el día, como la noche de conocernos; no digo que mi papel sea pasivo pero tendrás que estar más activo que de costumbre. (Besos a discrección.)

Te asustarás. —¡Te va a costar mucho mojar esta noche!—Pero tú vas a hacerlo hoy para mí, para celebrar este día especial con otra fantasía; olvídate del aburrimiento, vas a intentar ligar conmigo, todo el tiempo. Yo te contestaré depende, pasando de tí, haciéndome la desentendida, tímida algunas veces, para que insistas; otras como ya sabes... así mientras estemos juntos. 

Las conoces, pero inventa otras teclas que inciten mi deseo, y yo haré lo mismo con el tuyo. Coquetear.  Recuerda aquel día en la playa y el calorcito del sol. Tan a gusto juntos, mirando el mar. Vivíamos el momento mientras el nivel de temperatura corporal iba subiendo hasta casi llegar al punto de no retorno, haciéndolo durar lo indecible... —¡Guau!— Recuerda cuando me apoyaste contra la baranda y respondí a tus besos haciéndome la escandalizada mientras unos niños pasan a nuestro lado... Recuerda cuando con la rodilla palpé la dureza de tu entrepierna y pensé complacida... ¡vulnerable y en forma!... Recuerda algo.

Ya sé que estás siempre dispuesto, pero te advierto que hay que ganárselo en cada ocasión, como en aquellos días de fascinación. No llegaremos a casa ni a la cama hasta muuchas horas después, tienes tiempo. Te dejaré intentarlo al abrirme el coche, te incitaré al cerrarse el ascensor, seguirás con la idea mientras hacemos las compras, te mandaré notas calientes en pausas de trabajo, y haré que desees llevarme en volandas a la habitación... y tú... lo que se te ocurra pero picante, y si es inteligente, mejor. ¡—nada más y nada menos!—

Impongo ciertas condiciones. Si no alcanzo el nivel de deseo requerido para desnudarme imperiosamente, nada de nada. Eso quiere decir que tendrás que esforzarte en la seducción, que se convierta en tu meta, en tu propósito central del día. —Disfruto tanto cuando lo haces...— ¡Ah!, y no tengas prisa, tenemos tooodo el día. Recuerda que de cero a cien en un minuto soy incapaz de ponerme, no soy un coche. Y que el premio, de persistir, será... la estela de la luna llena en mi cama.

Los juegos valientes, calientes, serán éstos: seducción y sexo a todas horas, pero complicado. Juego desvelado, no te lo iba a poner tan fácil. Es imposible que no quieras jugar a esto, pero es posible que no lo logres. Valen todas las artes amatorias para provocar la líbido, etcétera. (Se admiten las flores, armas tradicionales; pero las mentiras no.) A todo esto, sosténme la mano, siente y calla; no me digas que me quieres. Ya ves, es que somos de complicadas las tías...

Luego te diré, al día siguiente, que has sido un buen consorte, que estás a la altura, y que eres un buen amante y un buen tipo. —O sea, un tío evolucionado.— Que has pasado con nota el filtro exigente autoimpuesto, fuera y dentro del lecho. Entre la cosas que hicimos entre medias, intentando mientras tanto ser conscientes del juego, entre todas las personas con quienes hablamos. Y te diré gracias. Y esperaré que tú me digas que ha valido la pena sucumbir a mis caprichos psicológicos y que, cuando estás, estás a gusto a mi lado. 

Feliz San Val.

ALz.

sábado

Valentines!










Dia mitológico.

Preparo una movida especial.



(¿Alguna sugerencia?)

Vayan llegando peticiones.







Alz

Who am I?










Hay quienes no quieren estar a solas consigo mismos, porque les invaden los pensamientos desagradables, y se pasan la vida buscando desesperadamente nuevas actividades y compañías para llenar su vida de la felicidad que les falta. Todos el mundo ha caído alguna vez en esto, y salir de esta situación no es sencillo. 

Son pensamientos y sentimientos dolorosos acerca de la historia personal de cada cual. La gente se recrea en lo que les salió mal, en el daño que les hicieron o en el que ellos mismos provocaron, y aunque no hay ningún placer en revivir iras, resentimientos o tristezas no saben cómo salir de esto. Esperan que el tiempo todo lo cure, pero durante meses o años la memoria de estos sucesos les asalta en cualquier momento del día y frecuentemente de la noche, para hacerles revivir el pasado y sufrir otra vez las viejas afrentas. Además, como siempre hay de nuevas, el bucle se eterniza.

De forma insconsciente se busca todo tipo de distracciones para no amargarse, como soportar tostones televisivos, incluidos los deportivos, beber o refugiarse en otras sustancias y drogas, legales o no; se machacan en el gimnasio o practican deportes de riesgo poniendo su capacidad física al límite; pierden horas en las redes sociales y páginas de contactos en busca de nuevas relaciones; se unen a grupos de intereses con personas desconocidas… Lo que sea por intentar llenar la vida y pasar el tiempo de ocio lo más despreocupada y alegremente posible. No se soportan a sí mismos, porque no se aceptan, y porque odian tal como es su realidad buscan otra.

Por unas horas todas estas cosas servirán para eludir la sensación angustiosa del propio vacío y soledad, y para olvidar los infortunio. Intentarán mostrar a los demás una imagen inventada de sí mismos, tal como les gustaría ser y que los demás les vieran: serán personas que sonrían frecuentemente, que se mostrarán felices, buena gente, que vistan de forma inapropiada para su edad, que se mostrarán despreocupados, encantadores, y con ganas de divertirse; sin problemas económicos, laborales ni familiares. Nada más lejos de la realidad, querrán ser por un rato lo que no son para olvidarse de lo que sí son. Se tarda en conocer su real cara de amargura, pero al final siempre sale. Ojo: abundan en las redes y en las calles.

Ofrecerán una imagen ideal durante las horas que dure su paseo por el exterior de sí mismos, como cenicientas en su carroza. Lo duro de todo esto, es que cuando regresen a casa todo seguirá igual si no peor que antes, porque nada de lo que les preocupa se habrá solucionado y nada habrán hecho por resolverlo. Intentan eludir su insatisfacción en aras de una fantasía que sueñan conseguir, sin base real y por tanto sin garantía de éxito.



Por huir del pasado escapan hacia el futuro, perdiéndose el presente.



Ésta es la clave, aceptar el presente. No se pueden atraer cosas nuevas y buenas si nos estamos perdiendo lo bueno de que disponemos ahora; no se puede estar bien con los demás si no  se está bien consigo mismo; no se puede conseguir nada bueno sembrando una mala semilla; no se puede conseguir amor si estas cultivando dolor; no pueden crecer nuevas amistades si no aprecias a tus amigos actuales.  


No se puede vivir en el pasado ni en el futuro, sino sólo en el aquí y en el ahora. Si has caído en actitudes como la descripción anterior, entonces es que has perdido de vista tu presente, por mirar hacia otro lado. Detengámonos, y respira. Siente el aire en tu cuerpo. Medita.


Mi recomendación es sentarse frecuentemente en un lugar que te inspire, en plena naturaleza, que sientas la vida que late en tí y en todos los seres que te rodean, y que medites en el silencio de tu mente. Hállate a sí mismo y pregúntate:



¿Quién  soy yo? 







Respóndete, sin pensar.



ALz.




viernes

Sin corazón





pensaba que vivía

pues se lo llevó la primavera.

Pasó el verano y pasó el otoño,

 la lluvia se mezcló con la de su mirada,

ya lejana.



 Ese corazón volvió lentamente,

en busca de su ser,

 y halló paz en la quietud de su alma:

su esencia.







ALz.






Licencia de Creative Commons









domingo

Entre tontos y locos





A veces me pregunto por algunas personas muy cercanas a mí con quienes he tenido algún desencuentro. 


He debido aceptar que les sigo queriendo, independientemente de lo que haya sucedido, aunque yo haya recibido un daño injusto, aunque la distancia se haya impuesto durante meses o años. El ser es más profundo que la cara que muestra una persona.


No han sido conscientes de lo que han generado, o sí; y cada cual se irroga su propia única, superior e irrefutable razón e interpretación del mundo. Hay quien en unos ojos hinchados, en vez de lágrimas ve bótox.


He debido comprender que el amor va en su propia dirección, y la relación en otra; y que la vida sigue su camino. A menudo todo ello va en direcciones opuestas e incomprensibles.




—¿Tú tienes la conciencia tranquila?
—Yo sí.
—Muy bien. Pues eso no te va a ahorrar
el infierno.






ALz.




Licencia de Creative Commons



viernes

Aborregados







Así estaremos si no pensamos, si no leemos, si desconocemos el pensamiento de los grandes maestros. Y sólo sé que no sé... casi nada. He tenido cinco cursos de filosofía, dos en el bachiller de ciencias, y tres de ellos en la universidad, y los he disfrutado. Nunca me arrepentiré de haber estudiado los principales filósofos,  aunque no domino ninguno, y reconozco que por ejemplo la crítica de la razón pura de Kant, me costó semanas entenderla. Pero me sirvió de tanto.

La filosofía me ha aportado lo que las asignaturas teóricas no podían abarcar, pues se limitan a transmitir unos conocimientos básicos sobre las diversas áreas de conocimiento curricular. También me ha aportado lo que mi familia no alcanzaba a explicarme. Mucho qué, porqué y cómo de cosas vitales, que yo estaba ávida por aprender.

Recuerdo la primera vez que cursé la asignatura de filosofía, y mi asombro ante el pensamiento de los clásicos. Cuando muy pocas personas sabían escribir en catalán, fuí a la primera clase en que un profesor tuvo narices de dar en catalán en el instituto. Dentro, cada uno tenía libertad de hablar y escribir en la lengua que quisiera, pero los exámenes se hacían normalmente en castellano. 

A mí aquello me empujó a asistir a unas clases nocturnas de catalán de Villangómez, un escritor de extrema sensibilidad y profunda voz; nunca he escuchado a nadie recitar mejor unos versos. Además de aprender a escribir en su idioma y a pronunciarlo aceptablemente, me aficionó a la poesía en inglés. En aquélla época traducía sonetos de Shakespeare al catalán que sorprendentemente, tras pasar por sus manos, seguían guardando métrica y sonoridad. 

En aquellas aulas descubríamos el mundo y fumábamos, y vaya si se fumaba. Hasta canutos se colaron en clase. Era la época en que el humo todavía no ocasionaba enfermedades mortales, estaba bien visto socialmente y hacía crecer varios años de madurez a los adolescentes. Ahora les prohíben todo y hacen igual lo que quieren.

Con aquellos profesores aprendí el significado del libre albedrío, el poder del pensamiento crítico, y la magia del lenguaje conjuntamente. Me enseñaron a forjar mis propios juicios de valor y a ser consecuente con mis principios. Creo que la independencia de criterio no me ha abandonado, aunque el precio de la no coincidencia sea en ocasiones un tanto elevado. 

Las clases de filosofía tenían una dinámica que me encantaba: una vez había comprendido al autor, y cuando ya casi me habían convencido los argumentos que esgrimía, comprobaba como el siguiente autor iba un paso más allá; y disfrutaba cuando refutaba lo afirmado por el primero con razones igualmente poderosas y concluyentes, llegando a conclusiones dispares sobre los mismos temas. Ha habido personas extraordinamente sabias en el mundo, creo, que fliparían si miles o cientos de años después vieran cómo los hombres todavía se exterminan mutuamente, y no precisamente a dentelladas, como diría Hobbes, sino masivamente, o quitándose el pan de la boca. 

La filosofía me concedió el poder de pensar desde varias perspectivas y de aceptar la diversidad, y desde luego a no creer buenamente en la primera tesis que se me presente. Aprendí a discernir la lógica de los razonamientos y la veracidad de las conclusiones utilizando los recursos de mi propia mente, y me atreví a contradecir argumentos erróneos o tendenciosos desde mi punto de vista. Sobre todo aprendí a establecer mis propias opiniones basándome en el nivel de conocimientos, madurez y experiencia personal que en cada momento tuviera. 

En aquel entonces no había aprendido todavía a callármelas cuando convenía, como cuando me expulsaron de la clase de religión por defender la disolubilidad del matrimonio. Luego aprendí, pero  tampoco me sirvió para sentirme más feliz. Ahora estoy todavía practicando el expresar qué pienso de cada asunto sin importarme si me posiciono fuera del criterio mayoritario. Gracia que espero alcanzar completamente en la senectud, como corresponde.

Todavía aspiro a conseguir expresarme de forma correcta, amena y comprensible. Aprender es una tarea que nunca acaba. He seguido leyendo obras de pensadores desde entonces, lo seguiré haciendo y recomiendo a todo el mundo que lo haga. Mi primer libro me lo compré con seis años y me costó treinta y cinco pesetas; era de historias cortas, y estuve semanas ahorrando la vuelta de la merienda, pero valió la pena. Además pinté los dibujos a mi manera. Necesito pensar, leer, escribir y pintar, desde que tengo uso de razón, y hasta el día en que la pierda. Una cosa es expresión del intelecto y otra del sentimiento.

No comprendo por qué un chaval que va a estudiar una ingeniería, por caso, o el que salga a la calle a los dieciséis años, va a ser privado de conocer a Aristóteles, Rousseau, Hegel o Bakunin, valgan los ejemplos. Sin filosofía, sin la capacidad de discurrir y discernir, sin el poder del pensamiento crítico, estamos perdidos. Aborregados. Materialmente inútiles.

No entiendo los motivos que llevaron a quienes prohibieron la tesis darwiniana del origen de las especies, sobre la selección natural, en el franquismo. No comparto la eliminación de la filosofía cuando la vida hay que tomársela precisamente con muucha filosofía. No comprendo los motivos que les llevan, a los de ahora, a actuar para hacernos creer que la única selección válida, a mis ojos antinatura, es la financiera. El poder disponer de los demás con un plan de supremacía a largo plazo. 


ALz.


sábado

Consecuente






Hay quien conserva las llaves de todas las puertas por las que un día entró.

Y hay quien, después de salir, tira las llaves al mar para nunca más tener la tentación de volver a abrir la puerta que un día decidió cerrar.

Y tú... ¿quién eres?





ALz.



Licencia de Creative Commons

domingo

Por cojones



A mis órdenes. Te impongo mi voluntad y desprecio la tuya. A veces lo diré, pero siempre te voy a pedir que lo adivines. Tú eres débil y estás a mi llamada, no entiendes nada. Calla. Hágase como yo digo. Ven ahora sí y ahora no, perra. Me apetece jugar contigo, porque así te domino. Sométete a mis designios y cuando te maldiga, te use y te eche llora, si quieres, te hará más mujer. Acéptalo, serás más feliz aceptando el sufrimiento. Yo mando y tú obedeces. Tú quieres pero por eso mismo yo digo que no y extiendo mi dominio a todos los ámbitos de tí que te atrevas a mostrar. Si me desobedeces te castigaré con creces. Te haré pagar todo el daño que otros me hicieron a mí. Sea lo que yo diga, haremos lo que yo quiera, tú no cuentas. Me das rabia, envidia, desprecio. Eres sólo una cosa que está a mi servicio. No eres suficientemente buena para mí. Tu opinión si tienes no me importa. Sólo mi opción es la válida, la tuya no vale una mierda. Ni sé cuál es, pero no me importa. Mi visión del mundo es la correcta, nada me hará cambiar, tú estás equivocada. Pobre de tí si me disturbas. Ni se te ocurra sacar el corazón de ese par de tetas. Tú albergas y me despiertas emociones que a mí me sorprenden y me atemorizan, pero no lo voy a confesar jamás. No quiero escucharlas, ni menos sentirlas. En mi vida no caben los sentimientos, yo soy sólo mis pensamientos y aquéllo que creo controlar. Persigo mi propia quimera. Y tú eres sólo un coño para ser usado. No es preciso ser más sutil. Aunque me equivoque y aunque te haga daño nunca te pediré perdón. Si yerro o si sufro nadie lo sabrá jamás, y menos tú. Nunca me aquietaré a tí. En mi trono se está solo y es agradable someterte. Bésame los pies, pero no me toques los cojones.  








(Tacha lo que no hayas sentido.)




Alz.



Licencia de Creative Commons

sábado

jueves

Gratitud














¿Puedes hacer algo por conseguir tu deseo?

¿Sí? Pues pasa a la acción.

¿No? Pues deja de tener el deseo.


Agradece lo que tienes.








ALz.

Óleo sobre tela. fragmento.





Licencia de Creative Commons






viernes

Suerte, sueño o engaño



No doy crédito; el árbol de navidad de Sol, lugar principal, más visto y codiciado de la capital del reino es un elemento publicitario de la Sociedad estatal de loterías y apuestas del Estado. Radiante monumento al trasvase voluntario de miles de millones de euros a las arcas del Estado, convenientemente disfrazado de … ¿ilusión? Creer en una posibilidad más remota que la de que te caiga un rayo encima cuando sales a la calle…(qué ilu) ¿qué es? ¿Suerte, sueño o engaño? Y creo que a la calle salimos todos muy seguros de que no ocurrirá esto. ¿Qué somos? ¿Ilusionarios, desilusionados ó ilusos? ¿A qué jugamos?

A una milagrosa coincidencia temporal acausal entre la bola y tú que se llama probabilidad uno entre ciento veinte mil, que es la cantidad de números a la venta, multiplicado por ciento ochenta, que es el número de series o de veces que repiten el número, y luego todavía multiplicado por diez, lo que nos dará el número de papeletas o décimos. Saca la calculadora. Cada número vale treinta y seis mil euros y el gordo es de cuatro millones.

Uno dividido entre doscientos dieciséis millones es la mísera probabilidad de que toquen los cuatrocientos mil al décimo, si no me equivoco al hacer las cuentas, porque estos números ya marean. De tu inversión, el ochenta y cinco por ciento de las veces lo perderás todo, el diez recuperarás el dinero y el cinco ganarás algún euro de consolación. Con eso sí puedes contar, o con que te parta un rayo; con que te toque el gordo, no.

El éxito de venta de las campañas se aprovecha de las relaciones sociales y del sentimiento de grupo, del fruto de la costumbre, de la paga extra, de la cultura de la escasez o ya directamente precariedad pero del despilfarro navideño y sobre todo del marketing, que eleva a la categoría de sueños un producto publicitario. A la gente no le duele gastarse la pasta en Navidad, y para que esto pase con su producto, invierten sumas ingentes y utilizan a artistas reconocidos y respetados para que presten su imagen. Los medios dan cobertura informativa abundante del antes, durante y después de los sorteos, incluidos el reparto de premios y los soporíferos brindis durante todo el día y en todos los canales.

Hagamos más números. Del décimo que tu compras, el treinta por ciento va a gastos de administración y otras mandangas, directamente al Estado. Que este año ha anunciado que incrementará su cuota un diez por ciento. O sea, que en 2013 se quedan un cuarenta por ciento directamente. En teoría quedan el sesenta por ciento para premios, pero no es verdad.

En caso de que te toque una cantidad apreciable, (por encima de los dos mil quinientos euros) tendrás que pagar un veinte por ciento a Hacienda, porque acaban de crear un impuesto especial. O sea, hasta aquí podemos decir que queda el cuarenta por ciento para repartir en premios, y lo que es lo mismo, que el Estado se queda directamente con el sesenta por ciento de lo ingresado.

Pero no es verdad. En el supuesto que te toque, te vas a gastar el dinero del premio o buena parte de él en compras. Los impuestos no quedan aquí, suma un veintiún por ciento del importe de los artículos que te compres con el dinero obtenido. ¡Toma! Un ochenta y un por ciento directamente a las arcas del Estado.

Si quieres hay más, como inviertas en ladrillo, te esperan plusvalías, ibis y otras mandangas. Alguien que vaya haciendo cuentas, pues entre el impuesto sobre la renta, el incremento patrimonial, y el impuesto sobre el consumo, a mí los números no me salen. ¿Y a tí?

No juego, claro, pero no voy a decirte que no lo hagas; si después de saber que sólo una de cada doscientos dieciséis millones de veces te puede tocar, y que de cada veinte euros que pagas por un décimo, más de dieciséis se van ipso facto en impuestos y conceptos afines, todavía juegas, allá tú.

Yo no lo haría porque pago ya demasiados impuestos de forma obligatoria, como para regalar mi dinero voluntariamente al estado, aunque me lo pida la Caballé y toda la jerarquía de rodillas. Incentivan lo que es un negocio redondo y jugoso para ellos y ruinoso para nosotros. Ya pueden contratar a los mejores para engatusarnos, que les sale muy a cuenta. Como en todos los juegos, la banca siempre gana; pero ésta, más.

Verdades de Navidad. Haced por ser felices, todo el año.



ALz.


domingo

No me creo







—¿Has podido acabar con él?
—Aún no.
—Avísame cuando lo hagas, para saber qué se siente.



(Quantum of solace)




Alz.




viernes

Rescoldo

















Me dolió tanto que no pude cumplir con mi palabra:
Olvidarme.





ALz.





 Óleo sobre tela, fragmento.

Licencia de Creative Commons


martes

Punto final








Todo lo que un día quise decir lo dejé escrito aquí.










*

Lo que acabe por lo que comience.


*














ALz.
Punto final (prueba superada), Óleo sobre tela, fragmento.


Licencia de Creative Commons




sábado

Llegamos






Si algo tienen los años es que uno acumula pasado.

Lo que pasó.

Tantos "fue" y "fueron" que ya no son.
Y lo que no llegó a ser. 




Y un sólo 

es.





ALz.




Licencia de Creative Commons



jueves







Por muy valiente sea un hombre, 
siempre le tiene miedo a una mujer.





ALz.

viernes

Rosas



Un día me acerqué a tí.

Me alcanzaste una flor y yo largamente la venía añorando.

La quise tanto.

Fue poca cosa pero a mí me pareció bella. Auténtica.

Un día pinté esta rosa rosa bajo luz amarilla y pensé, para tí mi rosa, toma.

Esa flor fue tan efímera que apenas un soplo de viento y amaneció rota.

No llegaste a acunar la rosa entre tus manos.

Llovió en todas las tierras.


ALz.






Licencia de Creative Commons

Mesa limpia








Gente de agenda, pasto de redes, habitantes del pasado; aquéllos que hace siglos que no me llaman ni les llamo; los que no contaron conmigo para lo bueno, quienes no han tenido nada bello que mostrarme, los que no me invitaron a sus eventos; quienes ofrecieron a otros lo que yo me merecía; los habituales que acuden por interés, quienes sólo se acercan para pedir consejos o favores; quienes me dieron su palabra y no cumplieron; los que no me apoyaron cuando lo necesité; los que no contestaron a mis saludos, quienes jamás celebraron mis creaciones; aquéllos que me envidiaron, los que me juzgaron, quienes me criticaron; los que no osaron defenderme cuando lo precisé, los cobardes.

Quienes me fallaron, los que un día me hirieron, los que me ofendieron; los que se fueron sin decir adiós; los que no me quisieron bien, los que persistieron en el daño; los que un día ya no me conocieron; quienes no tuvieron una palabra amable, aquéllos que no compartieron mis bromas, ni mis risas, ni mis llantos; los que se jactaron pero nunca fueron mis amigos; los que disimulan, los hipócritas; los que estuvieron a lo bueno y desaparecieron en lo malo. 

Aquí ando con el guardapolvo y el plumero en una mano, las gafas en la punta de la nariz, y el dedo índice de puntero, esta sí, este no, este tampoco; en eso llevo todo el mes. Haciendo mesa limpia. Plis, plás. Al reino del olvido. Tú también. Adiós. 

A la papelera, sin acritud. He trabajado duro e implacable, para mí. He quitado telerañas, polvos, lastres, plastas. Y me siento muuucho más ligera, esbelta and cute. Y por supuesto, sin marido.


ALz.



Licencia de Creative Commons

viernes

Por mis muertos




Por su amor, por su consejo, por la guía que me han prestado y que me acompañará siempre. Por ellos, por los antiguos linajes que ostento y por la sabiduría que me legaron.

Por la luz que me ilumina y por la fuerza que me alienta. Por honrarles miraré lejos, apuntaré alto y me encomendaré al cielo y al universo.

Por esta persona criada con orgullo bajo su tutela, en altos valores, con mis palabras y mis rasgos que son los de mis ancestros.

Va por vosotros, que pervivís en mi memoria y habéis sido perpetuados en el núcleo de mi ser. Va por mí, que aún me queda por hacer aquí. Va por quien de mí desciende y me sucede.

Dadme fuerzas, he de seguir adelante con coraje, caminando, sin detenerme, sin mirar atrás.

¡Brindemos!

Alz.





Imagen: La Transformación, fragmento. Óleo sobre lienzo.

(Y la calabaza de mi casa.)