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domingo

MACE







En ningún lugar hoy como en el MACE. No es sólo porque fuera el día dedicado a los museos, que también. Precisamente por esto tiene hoy algo muy especial, muy de fiesta. Reencuentro con antiguas amistades, estas que hace meses años, lustros, y hasta decenios..... (díme que estamos igual pero yo a tí te veo mejor, ¿verdad?), encuentros con amigos de mis amigos (qué sorpresa conocerte hoy aquí, ¿no es cierto?)...

En ningún lugar del mundo podría hoy haber estado mejor que entre el arte, los amigos y los amigos de mis amigos, con una colorista representación de artistas, ex-, compañeros, políticos, abogados, madres y pintores, aquí queda eso; mi mundo.

La temporal de Flanagan y Barceló. Próximamente las fotos, no comento la exposición. Los autores ilustres se comentan por gente entendidísima. Yo no. Yo sólo miro el arte con ojos de artista que no sabe humildemente sino hacer arte. 

A Calbet, el reencuentro en el museo. Los dorados cual imán colgado en la pared tiraba de mí hacia él, le reconocería entre mil que hubiera. En su pintura ambos nos vemos sin pretenderlo en una imagen efímera, intemporal, a pesar del tiempo transcurrido. Tantas veces nos despedimos.





Crónica. Se pudo bailar a ritmo de jazz, siempre que no te mires los pies, uno no puede seguir el paso si tiene miedo de caerse, ya sabes. Eso, ya sabéis que nunca saco a las personas, pero que no se diga que no se adivina el ambiente en los gemelos de la gente. Metros abajo, el yacimiento, los cimientos.


ALz.

miércoles

Lugares donde reunirse con los amigos



No es uno más: voy porque me gusta el sitio, porque me gusta la gente y porque me gusta el ambiente donde encontrarse y charlar. La semana próxima volvemos a quedar, ¿verdad?

domingo

De visita


¡Que placer el encuentro con los amigos! Ponernos al día, contarnos nuestras cosas... ¡Ir de visita! Y sin embargo este placer no siempre ha sido voluntario para mi, ¡Qué va!

Hace años, de niña, solía yo acompañar a mi madre de visita a casa de sus amigas, lo que me aburría soberanamente. Nos sentábamos en la salita de diario si había confianza, y siempre nos ofrecían calor, charla y una copita de jerez dulce. Pasábamos la tarde en compañía hasta que se hacia la hora de volver a casa a preparar la cena.

También recibíamos en casa, una o varias veces por semana y entonces yo salía y saludaba y besaba y preguntaba que tal está, y poca cosa más, porque podía volver a mi habitación a mis cosas, normalmente pintaba o escribía, y cuando pintaba era inevitable que la visita pasara por alli al irse, se despedía de mi y cotilleaba si yo tenia ordenada la habitación o no, (siempre según mi madre), y yo debía corresponder siendo amable y enseñando mis últimas obras ante la mirada complacida de ésta.

Sin embargo, ahora no nos visitamos apenas; un par de veces al mes a lo sumo, quedamos con los amigos fuera de casa. Menos mal que todavía quedan restaurantes entrañables como Aires de Vendimia, montado en un chalet como los de antes, tan acogedores como una de aquellas salitas que yo recuerdo de mi infancia. Donde nos reencontramos cada tanto algunos amigos a compartir tanto tristezas y tormentos unos, como alegrías y risas otras.

ALz