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domingo

Vals







Yo toco el odio como pecho diurno,
yo sin cesar, de ropa en ropa vengo
durmiendo lejos.

No soy, no sirvo, no conozco a nadie,
no tengo armas de mar ni de madera,
no vivo en esta casa.

De noche y agua está mi boca llena.
La duradera luna determina
lo que no tengo.

Lo que tengo está en medio de las olas.
Un rayo de agua, un día para mí;
un fondo férreo.

No hay contramar, no hay escudo, no hay traje,
no hay especial solución insondable,
ni párpado vicioso.

Vivo de pronto y otras veces sigo.
Toco de pronto un rostro y me asesina.
No tengo tiempo.

No me busquéis entonces descorriendo
el habitual hijo salvaje o la
sangrienta enredadera.

No me llaméis: mi ocupación es ésas.
No preguntéis mi nombre ni mi estado.
Dejadme en medio de mi propia luna,
en mi terreno herido.




Pablo Neruda: Vals. 

sábado

La luna desde mi ventana





            ES DE NOCHE CERRADA. Tantas cosas suceden cuando fuera reina la más fiera obscuridad. Se cierne el misterio y el ocultamiento sobre los acontecimientos que no pasan desapercibidos a la luz del día.

La atracción empele el rumbo de sus pies, que resuenan allá a lo lejos, andando, buscando. Pasarán horas antes de que la luz vuelva a dominar sobre los caminos. Ha de ser suficiente. Es el tiempo que le es dado para que convierta en realidad sus designios.

El objetivo es radiante como el satélite que se acerca al horizonte. Se aleja conforme se acerca. Se detiene a observar. No puede substraerse a la atracción imperiosa de sus pulsiones. Se levanta de nuevo y su mente llega antes que su cuerpo. Pero la noche lo tapa todo con su manto y lo sigue, lo persigue. Protege las sombras.

Me transporta LA LUNA DESDE MI VENTANA. Sin pretenderlo, alcanzamos idéntico lugar.

ALz.



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